El 16 de abril de 2016, a las 18:58, un sismo de magnitud 7.8 sacudió las costas de Pedernales durante 75 segundos. Dejó 663 fallecidos, 6.274 heridos, 12 desaparecidos y cerca de 28.775 personas en albergues.
El Instituto Geofísico registró 1.570 réplicas, ocho de ellas superiores a los 6 grados. Las zonas más golpeadas fueron Pedernales, Manta, Portoviejo, Bahía de Caráquez y Jama.
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Los daños fueron profundos: casi 30.000 viviendas y edificios colapsados o por demoler, 875 planteles educativos afectados y 51 establecimientos de salud dañados, limitando la atención a 593.000 personas. Unas 80.000 debieron desplazarse por pérdida de vivienda o trabajo.
Para financiar la reconstrucción, el gobierno de Rafael Correa impulsó la Ley de Solidaridad, que elevó el IVA al 14% y aplicó contribuciones temporales. Se estimaron necesarios USD 3.344 millones. Sin embargo, una década después persisten obras inconclusas y lotes vacíos donde antes había edificios y hoteles.
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La Contraloría General auditó USD 30 millones y detectó que casi USD 29 millones fueron mal utilizados: un parque de USD 6,5 millones, una vía portuaria de USD 21 millones no afectada por el sismo, y viviendas construidas sin planos definitivos. El proceso penal denominado «Reconstrucción de Manabí» resultó en la condena por peculado del exvicepresidente Jorge Glas y del exsecretario técnico del Comité de Reconstrucción, Carlos Bernal.
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Pese a este panorama, la población manabita eligió quedarse y reconstruir. El sociólogo Wilmer Suárez señala que el terremoto dejó una marca psíquica colectiva, pero que la gente transformó ese dolor en resiliencia. Los primeros negocios en reactivarse fueron los gastronómicos. Casos como el de Gloria Chávez, quien reconstruyó su hostería en Jama con créditos propios y sin apoyo oficial, ilustran ese espíritu.
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Fuente: Ecuavisa
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