Los delfines de la Amazonía de Ecuador necesitan protección. Organizaciones y comunidades se involucran.
En las aguas quietas del río Aguarico aparece un amigable delfín. Manuel Coquinche lo alimenta con carne de pescado fresco.
Es una tarde del segundo domingo de septiembre, soleada y verde, por la profusa vegetación selvática de la Amazonía.
El delfín rosado nada con tranquilidad, cerca de un pequeño muelle de madera de la comunidad Martinica del cantón Aguarico, en la provincia de Orellana.
Coquinche mira hacia el frente, en la otra orilla del río, donde está Cabo Pantoja, una comunidad del vecino Perú, que tuvo su gloria con la filmación de la película Pantaleón y las visitadoras.
En esa frontera, Martinica salva, protege y hace turismo con los delfines rosados y grises. Martinica es uno de los refugios de los delfines rosados, así como del gris, las dos especies de este mamífero que viven en la Amazonía de Ecuador.
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Sus 150 habitantes hicieron del cuidado de estos animales un propósito de vida; con ellos también hacen turismo comunitario. Martinica adiestró seis delfines para ese propósito.
“Martinica lleva 17 años en esta actividad”, dice Coquinche, uno de los fundadores del emprendimiento Yaku Warmi, con el que se sostienen las familias.
Los delfines de la Amazonía están en una constante amenaza
Pese a sus guardianes (toda la comunidad), estos mamíferos están en una seria amenaza de extinción, debido a la cacería.
Víctor Utreras, un investigador científico ecuatoriano, cuenta que “desde la década de los años 90, ha documentado prácticas de cacería de delfines por parte de militares y comunidades indígenas. Les disparaban para extraerles los dientes y la grasa”.
Utreras ha dedicado más de 30 años al estudio de los delfines de la Amazonía de Ecuador. Durante ese tiempo, ha recabado información sobre la muerte de los delfines y sus razones.
Durante su investigación encontró 70 casos de delfines muertos: 67 rosados y 3 grises. De todos ellos, 38 murieron por cacería directa para extraer los dientes. Los demás perecieron por la pesca con dinamita, capturados incidentalmente en redes de pesca, por colisiones con embarcaciones y otros por causas indeterminadas.
Utreras dice que cazan a los delfines amazónicos de Ecuador para usar sus partes como amuletos de buena suerte y por sus ‘poderes afrodisíacos’.
Pero la pandemia del covid-19 exacerbó esta situación. Utreras hizo un hallazgo alarmante: “de los 38 delfines muertos, 15 fueron asesinados en los últimos cuatro años”.
El científico relaciona este hecho con la pérdida de trabajo de los habitantes, debido al confinamiento. Al no tener empleo, volvieron a sus comunidades.
“Como no tenían trabajo -dice- vieron en los delfines una forma de obtener dinero”. Además, al creer que los dientes son amuletos de la buena suerte, la gente los compró para mejorar su suerte y su situación económica durante la pandemia.
El Ministerio del Ambiente, Agua y Transición Ecológica (Maate) confirma este tipo de práctica. “La utilización de partes de delfines de río está relacionada con el uso de amuletos para el amor y buena suerte. En algunas zonas, sus partes se utilizan para actividades de chamanismo y por curanderos para tratar mal de amores en rituales”.
La venta de los dientes de los delfines de la Amazonía
En un recorrido que Utreras hizo en 2023 por el mercado de artesanías de Puyo (Pastaza) halló información sobre el comercio de los dientes de los delfines de la Amazonía de Ecuador. Fue como turista y de esa forma conoció que los puestos artesanales ofrecen los dientes de manera camuflada.
Cuando los artesanos quieren vender, hablan en voz baja y dan el precio de cada diente. Le comentaron que “son caros, porque los bufeos (como llaman a los delfines) están muy lejos y son muy difíciles de conseguir”. Utreras prefiere no revelar los precios, para no exponer a los delfines a más riesgos.
Utreras explica que un delfín tiene entre 90 y 140 dientes. Cuando encontraron los 15 delfines muertos, todos estaban decapitados; es decir, sin sus cabezas.
Yelsin Alvarado, gerente del emprendimiento Sacha Ñampi, conoce de la venta de dientes en Perú. Sacha Ñampi es un negocio de la comunidad Alta Florencia, en Aguarico, vecina de Martinica. Ambas comunidades kichwas tienen una alianza.
Sacha Ñampi también ofrece el avistamiento de los delfines rosados en Martinica.
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Alvarado y Coquinche coinciden en que en Perú no hay leyes severas, como en Ecuador. La situación es más grave, porque en las comunidades del vecino país hay un mercado abierto de venta de carne de animales silvestres y de partes del delfín. Ninguna autoridad peruana controla el tráfico de vida silvestre, comentan ambos indígenas kichwas.
En Ecuador, el tráfico de vida silvestre se castiga hasta con prisión, según el artículo 247 del Código Integral Penal (COIP). Este dice lo siguiente:
Fuente: El Comercio
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