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La «ciudad perdida» del Amazonas ha sido ampliamente malinterpretada. Esta es su verdadera historia.

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Arqueólogos y tecnología de mapeo avanzado han revelado que el Valle del río Upano, en el oriente ecuatoriano, alberga una red de casi 7.500 estructuras artificiales de aproximadamente 3.000 años de antigüedad. El hallazgo desafía la idea de que los pueblos amazónicos eran únicamente pequeños grupos nómadas.

Las estructuras —montículos, plazas, terrazas y caminos— fueron construidas con tierra compactada y se extienden por cientos de kilómetros cuadrados. Según los investigadores, los antiguos habitantes moldearon el suelo del bosque para levantar plataformas donde vivían y realizaban ceremonias, conectadas entre sí por caminos de hasta 25 kilómetros de longitud, notablemente rectos a pesar de la accidentada geografía.

 

El estudio de los datos fue impulsado por un escaneo Lidar realizado en 2015 por el Instituto Nacional del Patrimonio Cultural de Ecuador, cuyos resultados completos aún están siendo analizados. Investigadores de distintos equipos, tanto ecuatorianos como franceses, han publicado análisis parciales que no siempre coinciden en sus interpretaciones.

Expertos coinciden en que llamar «ciudad perdida» al sitio resulta impreciso. Los montículos —conocidos localmente como tolitas— eran conocidos por arqueólogos y comunidades de la zona desde hace décadas.

 

Además, la red no corresponde al modelo clásico de ciudad concentrada, sino a un urbanismo de baja densidad y múltiples centros, propio de la Amazonía.

Aún quedan preguntas sin respuesta: no se sabe con certeza cuántas personas habitaron el lugar ni si todas las estructuras fueron construidas y ocupadas al mismo tiempo. Tampoco se han encontrado cementerios ni restos humanos. Distintos equipos discrepan sobre si los habitantes abandonaron el sitio abruptamente alrededor del año 300 d.C. o si la transición fue gradual.

Actualmente, muchos de los montículos se encuentran en terrenos privados. Mientras algunos propietarios intentan eliminarlos para aprovechar las tierras, otros trabajan para protegerlos.

En la provincia de Morona, un grupo de voluntarios locales denominado Guardianes del Patrimonio se dedica a denunciar su destrucción y a difundir su historia.

 

 

Fuente: BBC por: Sofía Quaglia

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