febrero 23, 2024

Una ciudad prehispánica sin nombre se esconde en las entrañas de la Amazonía de Ecuador

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La AGENCIA EFE publica el siguiente artículo, el cual ha sido difundido por una gran cantidad de plataformas internacional. Aquí el reportaje

 

Bajo la vegetación de la Amazonía de Ecuador se esconde una gran ciudad prehispánica sin nombre, que evidenciaría por primera vez la existencia de una sociedad desarrollada en este selvático territorio, en el que hace 2.500 años erigió cerca de 7.400 estructuras entre montículos, plazas y una extensa red de caminos.

 

Estas estructuras arquitectónicas «dan cuenta de una ciudad con calles, plazas, espacios de habitación, de ceremonia, es decir, de una sociedad que tenía una conformación política, social, económica sumamente importante», dijo a EFE la directora del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC), Catalina Tello.

 

En la provincia de Morona Santiago, en la zona alta del río Upano, y extendida sobre 300 kilómetros cuadrados, ésta ciudad podría ser aún más grande, pues los estudios realizados con tecnología avanzada sobre 600 kilómetros aún están en fase de análisis.

Aunque el hallazgo no es nuevo, Tello comenta que se ha hecho visible ahora por una publicación en la revista científica Science en la que se hablaba de una «ciudad perdida».

Morona Santiago Province - Wikipedia

Sorprendente descubrimiento científico: una ciudad perdida en Morona Santiago - Centro 101.3 FM Guayas y Santa Elena

 

Y es que desde los años 80 se conocía de estructuras en la alta Amazonía ecuatoriana que «posibilitaban la existencia de una gran ciudad», y en los 90, el Instituto Francés de Estudios Andinos hizo exploraciones de campo, que dieron cuenta de «un gran asentamiento urbano», relató.

Pero fue en 2015, cuando el INPC planteó un programa de investigación con tecnología LiDAR (Light Detection and Ranging o Laser Imaging Detection and Ranging) que, mediante puntos láser, genera imágenes de las estructuras arquitectónicas, aunque estén cubiertas por vegetación.

 

En la zona, el paisaje natural de la Amazonía se ve modificado por grandes estructuras que -miradas con atención y guía- perfilan lo que serían pirámides y tolas, dijo Tello al anotar que en gran parte de los 300 kilómetros viven indígenas shuar y achuar, y existen terrenos agrícolas, «pero no una explotación del territorio que haya causado destrucción de los sitios arqueológicos».

Por ello, con los habitantes del lugar y los gobiernos locales, el INPC trabajará este año para perfilar un polígono de protección de la ciudad, que es casi colindante al Parque Nacional Sangay, coronado por el volcán del mismo nombre.

El polígono se trabaja, básicamente, a través de cartografía, y se definen los diferentes usos de territorio de esa gran ciudad, que «no tiene nombre», subrayó Tello.

Sobre quienes habitaron la ciudad hay varias hipótesis: ¿Desaparecieron por la erupción del vecino volcán Sangay?, ¿Inclemencias climáticas los obligaron a huir?…

«Hay mucha discusión entre los arqueólogos», mencionó Tello antes de señalar que las primeras excavaciones dejaron ver muros y cerámicas, pero los suelos aún están en estudio.

Sobre posibles excavadores ilegales (huaqueros), Tello recordó que ha habido, «de cierta manera, una explotación ilegal de la arqueología en la Amazonía».

«Pero son zonas de difícil acceso, y hay unas comunidades bastante empoderadas de sus territorios, que han sido las custodias de estos vestigios arqueológicos. Es preocupante, pero no creo que vaya a desatarse una ola de excavaciones ilegales para explotar los recursos», opinó, pese a que a la zona -a unas nueve horas de Quito por carretera- se puede llegar en vehículo.

Las incógnitas alrededor de la gran ciudad son tan grandes que Tello calcula que hay «para cien años de investigadores que vayan contestando» quiénes la habitaron, a qué se dedicaron, qué comían, cómo se vestían, cómo murieron, cuáles eran sus enfermedades. «Recién este momento se abren esas posibilidades de investigación», dijo.

A esto se suma que sólo se han analizado los datos de 300 kilómetros, y aún falta el análisis de los restantes 300, hechos con la tecnología LiDAR.

Lo que sí se ha logrado, remarcó, es derribar el mito de que en la Amazonía no había grandes sociedades.

«En el mismo Upano no podemos generar un plan de manejo y gestión dirigido únicamente a la investigación arqueológica, si tenemos pueblos indígenas que, además, tienen tradiciones orales, de vestimenta, agroalimentarias, heredadas de miles de años también», puntualizó.

 

 

 

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